Hoy 7 de abril es el Día Mundial de la Salud, y lo vivimos en plena crisis del coronavirus, que está sometiendo a una presión inaudita a nuestro sistema sanitario. Se hace imposible no agradecer, precisamente por todo ello, el trabajo incansable que de manera generalizada y admirable están desarrollando los profesionales sanitarios: médicos, médicas, enfermeros y enfermeras, personal administrativo y de limpieza, también el personal directivo… todas y cada una de las personas que conforman el engranaje de esta primera línea de acción contra la pandemia. El merecido aplauso que les dedicamos cada tarde desde nuestros balcones y ventanas así lo reconoce. Quiero sumarme desde aquí a este merecido reconocimiento social, como hago cada día a las ocho de la tarde desde hace semanas, y también al dolor de quien ha sufrido la pérdida de un ser querido.

La mejor defensa contra la pandemia es una sanidad fuerte, dentro de un sistema público y universal, financiado con impuestos progresivos, que conforma el Estado del Bienestar. Un sistema donde quien más tiene más contribuye para que, de este modo, a quien menos tiene también se le asegure en todo momento la mejor atención sanitaria, sin importar el saldo de su cuenta bancaria. Con toda la tristeza y la impotencia del día a día de esta crisis, si algo podemos decir sin miedo a equivocarnos es que el sistema sanitario de este país no ha dejado de atender a una sola persona porque no tuviera dinero. No ocurre igual en todos los países y, entre tanto dolor, es bueno dejar espacio para enorgullecernos de que esto sea así, porque es un éxito colectivo nada desdeñable. No digo ni mucho menos que todo sea perfecto, lo único que lo es “per se” es el esfuerzo espectacular de nuestro personal sanitario. Solo intento explicar que no todos los modelos son iguales, y en consecuencia no llevan a los mismos resultados.

Entre todas las reflexiones que tendremos que hacer cuando salgamos de esta crisis deberemos preguntarnos qué país, qué Estado, qué sistema sanitario queremos construir pensando en que sea el más justo y el que más ayude a combatir situaciones como la actual. Quizá nos ayude a esa reflexión pensar cómo hubiéramos encarado esta crisis en cualquier hospital, por ejemplo el mío, el Hospital Universitario de Guadalajara con un 40 por ciento menos de profesionales, o sin los casi 500 contratos que se suman a los que se han podido hacer para afrontar esta crisis y los que se anticiparon unos meses antes para prepararnos contra la gripe en el reciente invierno. Si hoy las cifras nos parecen elevadas, serían descomunales sin el esfuerzo de contratación que hizo la pasada legislatura el Gobierno regional y el que ha hecho ahora con el refuerzo de estos meses.

Creo que esta crisis nos ayuda a comprender mejor que cualquier discurso el tremendo error de quienes debilitaban el sistema y nos permite reconocer en cambio, a quienes, desde las calles y desde las instituciones, defendieron un sistema público que nos está ofreciendo, con todas las dificultades lógicas de la situación, plantar cara al mayor desafío de salud pública en muchas décadas. Es la reivindicación, en el fondo, del país que somos. En estos días, en los que la mayoría de la población está aportando lo mejor que tiene para salir de ésta cuanto antes y para que nadie se quede atrás, se demuestra que España es un país de gente solidaria, sensible, empática, que no quiere que dejar a nadie en la estacada. Nuestra solidaridad individual como exigencia de la solidaridad colectiva, pública.

Hoy, 7 de abril, es el Día Mundial de la Salud, un día para aplaudir la sanidad que tenemos, pero también para reivindicar la sanidad que queremos el día de mañana. Espero que los aplausos de hoy sean el mejor blindaje para proteger la sanidad pública, universal y financiada por los impuestos de todos de manera progresiva y justa. Que nuestros aplausos impidan que nadie vuelva a plantear privatizaciones y despidos masivos en la sanidad, bajo la excusa de una crisis económica o de cualquier otro pretexto de coyuntura o de oportunidad.

Hoy, como cada día, saldré a aplaudir a todos los sanitarios, pero no lo haré solo por su trabajo de hoy, sino defendiendo un modelo que, pese a las críticas, es el que mejor funciona y nos protege a todos y todas. Aplaudiré a todos los héroes que nos están salvando, y a la gran heroicidad colectiva que es el dotarnos de una sanidad pública, universal y financiada con los impuestos del conjunto de la ciudadanía. Que nos dure.

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